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Mariano Rajoy: Vomitivo.

En unas recientes declaraciones a los medios Mariano Rajoy ha dicho ni más  ni menos que la recuperación ha venido para quedarse. Por toda reacción, la respuesta que ha recibido por parte del llamado "principal partido de la oposición", ha consistido en decir que se trata de una apreciación triunfalista. Nadie se ha molestado en calificarla de monumental engaño, estafa sin límites o cosas por el estilo, que es lo que realmente merecen las palabras de Rajoy. Con todo, lo más lamentable es que este personaje sabe que es así, que lo que ha dicho es una gran mentira, pues es imposible que ignore que desde 17789, fecha de la revolución francesa que supone la toma del poder de forma violenta por parte de la burguesía, las crisis económicas del capitalismo han sido una constante. Tan es así que John Maynard Keynes, en absoluto sospechoso de veleidades comunistas, es más, un economista burgués convencido, proclamó que estas crisis eran inherentes al sistema capitalista, algo que ya había sido afirmado por Karl Marx. Por tanto, la recuperación solo será algo temporal, algo que, desde luego, no va a quedarse o que se quedará hasta la siguiente e inevitable crisis. Y esto seguirá siendo así en tanto no superemos este sistema económico de explotación; propósito que solo he oído proclamar a Alberto Garzón. El resto del arco parlamentario, con el PSOE a la cabeza, y los sindicatos UGT y CC.OO siguen jugando su papel, no solo de contribuir con entusiasmo a mantener esta mentira de la recuperación, ocultando que será un fenómeno puramente pasajero hasta la siguiente crisis, sino sujetando a las clases más desfavorecidas para que soporten con resignación su paupérrima situación y haciendo todo lo que está en sus manos para evitar que, con utilización de los mismos métodos y medios de los burgueses en el año 1789, desplacen a la escoria gobernante del poder e inauguren una nueva época. Ni que decir tiene que no solo es la casta política española la que actúa así, pues las demás (americana, francesa, portuguesa, etc), en tanto que pertenecientes a la misma clase, se conducen de igual manera; también es necesario señalar que la clase trabajadora española no podrá llevar adelante ella sola tal misión, pues es del todo necesario la intervención de las clases trabajadoras de los países económicamente más poderosos, es decir, es precisa la internacionalización de la intervención.
Y es el hecho de que la clase trabajadora está absolutamente aplastada y carente de cualquier sentido de clase la que permite que Rajoy diga lo que dijo y no pase absolutamente nada. Urge que Garzón se ponga en marcha y consiga el apoyo entusiasta de los millones de parados, de los millones de trabajadores sujetos a un contrato basura, de los millones sin una pensión digna, para que, al menos, consigamos dar un primer paso en el desalojo de la burguesía del poder.

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