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Sami Naïr: al sevicio de su amo.

El pasado día  15 de noviembre publicaba El País un artículo  de Sami Naïr titulado "Inmigrantes comunitarios". El autor comenta la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que daba por buena una decisión del gobierno alemán sobre los no-derechos de una ciudadana rumana que solicitaba el acceso a los derechos sociales, pese a que rechazaba buscar un trabajo. Según Sami, esta sentencia servirá de justificación a una ley que parece va a aprobar el Bundestag que permitirá la expulsión de ciudadanos comunitarios que hayan perdido su empleo durante seis meses, a la vez que, vaticina el sagaz Sami, obligará a estos a aceptar cualquier condición laboral si no quieren ser expulsados del país. Todo lo cual, y alguna consideración más sobre los desastres de la política de austeridad impuesta por Merkel, lleva al articulista a lamentar el fracaso de la Europa social dado que "los europeos no han sabido ponerse de acuerdo sobre una base social mínima que permitiera a los asalariados hacer frente, colectivamente como europeos, a los cambios de un mercado económicamente unificado pero sin legislación social común; legislación que, de existir, habría impedido al mercado "imponer su despiadada ley". Voy a suponer ahora que Sami no es tonto y que escribe al dictado de quien le paga; es decir, que sabe perfectamente que los mercados (eufemismo que gusta mucho a la "progresía" para no decir "capitalistas") son los que mandan en Europa y en todo el mundo. Y si esto es así ¿cómo puede ser que Sami se lamente de que los capitalistas no permitan a los "asalariados" (otro eufemismo por "explotados") hacer frente colectivamente como europeos a los mercados, es decir, a los capitalistas? ¿Cómo puede llegar siquiera a pensar en una Europa social capitaneada por esos capitalistas? La conclusión es que Naïr y el periódico que publica sus opiniones deben pensar que los tontos son la mayoría de sus lectores, que pueden llegar a creer que una tal Europa social, implantada por los capitalistas, puede llegar a existir; de otra manera no se concibe que pueda decir sandeces como las transcritas de su artículo. Con todo, más lamentable que esas tonterías es que los trabajadores, sin la menor conciencia de "clase", no se levanten contra la situación que describe Sami y que, en este caso, los alemanes estén muy contentos de que su gobierno (que incluye al autodenominado partido socialdemócrata) se dedique a expulsar a otros trabajadores para que ellos puedan tener más trabajo. No se dan cuenta, por falta de conciencia, de que ese nacionalismo, ese aceptar que el mercado de trabajo de cada país pertenece a sus nacionales, supone una división de la clase trabajadora que la debilita, a la vez que fortalece a los capitalistas, que, ellos sí, se dan cuenta de lo bien que les viene la internacionalización o globalización del capital (FMI, G-20, Banco Mundial, Banco Central Europeo, UE) y la "nacionalización" de la clase trabajadora para imponer, como dice Sami Naïr, "su despiadada ley". Pero, claro, el articulista, aunque se de cuenta de esto, como buen servidor de su amo capitalista, no lo va a decir.


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