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Pedro Sánchez: Más de lo mismo.

Algarabía entre los afiliados al autodenominado partido socialista obrero español por la elección de Pedro Sánchez. Pero resulta, y eso sí que es "democracia", que a pesar de haber sido votado por la mayoría de los militantes, todavía no es Secretario General por que tiene que ser ratificado por un órgano de la burocracia del partido.
¿Y qué nos trae este nuevo nombre? Pues eso: el nombre, porque una persona que se ha declarado heredera de Felipe González no puede traer nada ni nuevo ni bueno. Lo de nuevo es obvio y por lo que se refiere a lo bueno, hagamos un breve repaso a los hitos más significativos del "socialista" González. A nadie se le puede olvidar que fue él el que desnaturalizó completamente al partido, haciéndolo pasar de un partido marxista y, por tanto de clase, a un partido de corte interclasista, donde lo importante ya no son los obreros ni la clase trabajadora en general ni tampoco el socialismo. En consecuencia, Sánchez por ahí no trae nada nuevo ni bueno, sino que deja las cosas tal y como están, contribuyendo a enmascarar un partido de corte claramente burgués como si fuera, nada menos, que "socialista y obrero".
Otro escándalo del PSOE de González fue la cuestión de la OTAN. Tras su "de entrada, no" pasó sin más ni más (bueno, no, con mucho más y más) a ser el paladín de la alianza atlántica por excelencia en España, rindiéndose, así, a las presiones de los poderes fácticos para permanecer en la OTAN y volcando todos sus esfuerzos en la consecución de este objetivo desde que se hizo con el Gobierno y durante toda la campaña previa al referendum convocado sobre esta cuestión. Y este asunto ya no volvió a ser objeto de debate alguno en el PSOE. Hoy forma parte de la sustancia de este partido igual que la plena aceptación del sistema económico imperante o la pertenencia a todas las instituciones capitalistas de lo que llamamos "occidente".
El tercer y último hito del que el Sánchez se considera heredero es el de la brutal "reconversión" (eufemismo de la época por desmantelamiento del sector público empresarial, despidos masivos, reforma laboral, represión de las luchas de los trabajadores, etc) que llevó a cabo para, sin referendum ni nada parecido, meternos en la, entonces, CEE o Mercado Común, club capitalista por excelencia y que obligó a González a olvidarse, además de la clase trabajadora, de la salida de la OTAN, ya que si esto se llevaba a cabo no entraríamos en la CEE; entrada que constituía el objetivo máximo del PSOE, pues, como se decía por la burguesía de la época y se sigue diciendo hoy en cuanto la ocasión lo requiere, ello era (y es) garantía de democracia y prosperidad.
Pues bien, Sánchez asume todo esto y, obviamente, continua en la misma línea. Así, se refiere a los problemas de "España", a los problemas de los ciudadanos, cuando de sobra sabe que "España" no tiene problemas y que sus ciudadanos, dependiendo de la clase a la que pertenezcan, tienen problemas muy diferentes y cuya solución es incompatible de raíz. Tienen problemas las clases explotadas de "España", que no es lo mismo ni parecido, es decir, los parados, los que tienen un contrato-basura, los que no pueden alimentar a sus hijos, los dependientes a los que no les llegan las ayudas, los pensionistas con una pensión con la que no llegan a fin de mes, que, ¡entérate Sánchez! son millones. Botín, Rajoy, Rubalcaba, Florentino Pérez, el dueño de ZARA, Felipe González no tienen esos problemas, tienen otros diferentes: cómo seguir en el poder, cómo seguir explotando más a sus trabajadores para ganar más de lo que ganan, en qué consejo de administración meterse o dejar porque se aburre, qué actividad elegir cuando deje la política, etc. Y Sánchez cree que se puede gobernar para "España" y para "los ciudadanos", como si eso fuera posible. No, hay que elegir para quién gobernar y eso implica necesariamente gobernar "contra" otros, contra los explotadores y sus compinches, pero Sánchez está a años luz de hacer algo parecido.

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