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Víctor Lapuente: ¿Qué verdad nos hará libres?

El día 7 de marzo de 2017, El País publica un artículo de opinión de Víctor Lapuente, titulado "1984". Es este uno más de los casos en el que no se da ninguna referencia sobre quién es el autor. Debe ser alguien archifamoso, que no necesita de la más mínima nota biográfica para situar a los que, como yo, ignoramos palamariamente quién es este sujeto.
Pero vamos a lo que dice: El mundo no está viviendo una deriva totalitaria, sino autoritaria. No es una diferencia semántica, sino de sustancia. Los regímenes totalitarios, como el fascismo, el nazismo o el comunismo, tienen un objetivo positivo. Quieren unos ciudadanos comprometidos con la causa
Primero. El autor nos muestra su desconocimiento o confusión en cuanto al tema. El fascismo y el nazismo son dos variantes o dos tipos de regímenes que se desarrollan dentro del sistema económico capitalista; y el comunismo es un sistema que se opone al capitalismo. Por lo tanto, la oposición es capitalismo (yá sea en sus variantes "democrática"-de la que no se habla-, fascista o nazi) versus comunismo. O dicho de otra manera, nuestro insigne autor, al hablar de régimen totalitarios, debería haber hablado de capitalismo y comunismo y no de las variantes que presenta uno (el capitalismo) frente al otro (el comunismo). Si tuviera el más mínimo rigor intelectual habría dicho, en vez de comunismo, stalinismo; entonces sí sería admisible la comparación entre variantes "patológicas" de dos sistemas antagónicos. Pero no, lo que interesa es la confusión, el "totum revolutum", comparar peras con manzanas.
Superada esta primera confusión conceptual, sigamos en el análisis de la cuestión. Resulta que esos sistemas quieren unos ciudadanos comprometidos con la causa. No niego que el stalinismo, el fascismo y el nazismo puedan responder a esa afirmación de nuestro autor. El  comunismo, radicalmente, no. El comunismo no habla ni se refiere a ciudadanos, sino a trabajadores, a clases sociales. Eso de ciudadanos es un concepto burgués que nace con la Revolución francesa para tratar de igualarnos a todos. Todos somos ciudadanos, todos somos iguales. Los derechos y deberes se predican de los ciudadanos, sin hacer la menor distinción en relación con la clase a la que estos pertenecen, como si esta circunstancia no condicionara sus derechos y su ejercicio. En cambio, el comunismo pretende acabar con las clases sociales, por lo que parte de la base de que no es posible, ni de lejos, eso de ciudadanos comprometidos con la causa. Es más, el comunismo parte del principio exactamente contrario. Como es imposible que un burgués, un capitalista se comprometan con esa causa, por eso habla de revolución y de dictadura del proletariado, pues habrá que acabar con los capitalistas como clase social poseedora de los medios de producción. Por lo tanto, el comunismo no quiere ciudadanos comprometidos con la causa, quiere que unos ciudadanos, los trabajadores, los explotados, pongan fin a la situación por la que unos ciudadanos se imponen a otros en razón de su poder económico.
Desmontada esta primera mentira, sigamos.
A continuación leemos: Para ello montan sistemas propagandísticos, como el Ministerio de la Verdad descrito por Orwell, que transmiten sus mentiras. Los líderes totalitarios necesitan la credulidad de los súbditos. Consecuentemente, tratan de controlar los intercambios de información.
No cabe duda de que tanto el capitalismo (en cualquiera de sus variantes) como la variante ¿comunista? del stalinismo pretenden tal cosa. No me voy a  detener en el fascismo, nazismo o stalinismo, sino que quiero referirme a la variante "democrática" del capitalismo, de la que no habla Lapuente. A este no le parece que esta variante quiera exactamente lo mismo que las otras: ciudadanos comprometidos con la causa. Sin embargo, esto es patente. Todos los medios de comunicación están en manos de capitalistas "democráticos"; todo el sistema educativo está encaminado a presentar este sistema como el único admisible, como la cima de la evolución económica y social de la humanidad; todo el sistema jurídico está montado para la defensa del capitalismo y todo lo que pretenda ponerlo seriamente en  tela de juicio está perseguido por la leyes. En resumen, todo absolutamente todo tiende hacia la consecución de ciudadanos comprometidos con la causa por medio de la transmisión de una gran mentira: estamos ante la mejor de las situaciones, vivimos en un sistema "democrático", donde todos somos iguales. Por lo tanto, si estamos de acuerdo con nuestro autor en cuanto a qué es un sistema totalitario, hay que advertirle inmediatamente de que se le "olvida" referirse así a la variante "democrática" del capitalismo.
Después de esta lección, Lapuente nos dice que los sistemas autoritarios, a diferencia de los totalitarios: No quieren que los ciudadanos crean noticias falsas, sino que no crean nada. Ni sus mensajes ni los de la oposición. Anhelan que los ciudadanos desconfíen de cualquier fuente de información y así no abracen causa política alguna. Para ello es bueno que la información circule de forma contradictoria y descontrolada. Lapuente dixit. Y esta verborrea ¿qué quiere decir? ¿Quién propaga esas mentiras? ¿Los gobiernos? ¿Los medios de comunicación? ¿Da igual, por que en realidad son lo mismo y responden a los mismos intereses? ¿Qué tiene que ver la desconfianza en las fuentes de información con abrazar o no una causa política o ninguna? El cacao mental de Lapuente es más que manifiesto.
Y finaliza así: No les venceremos intentando persuadir a los ciudadanos de las bondades de un mundo democrático, abierto y liberal, sino confrontando sus mentiras con verdades neutras y asépticas. No es el liberalismo, sino la verdad la que nos hará libres. Nuestro autor da por supuesto, primero, que existen esas verdades y, segundo, que todos tenemos que saber cuáles son, porque no nos dice cuáles son, lo que sería muy de agradecer. A lo mejor tales verdades son las bondades de un mundo democrático, abierto y liberal, que solo deben existir en su imaginación. O no ¿por qué quien nos dice que Lapuente no es una persona que sabe que todo lo que nos dice aquí es un puro cuento, pero que lo hace porque le pagan y así vive cómodamente en este sistema "democrático"? Sí, ese sistema que descansa en el "democrático" principio de la explotación del hombre por el hombre y que escoria como Lapuente ni se cuestiona.
Con todo, lo mejor es que Lapuente parece haber inventado un nuevo sistema: el verdadismo. Efectivamente, la verdad (¿una especie de nuevo imperativo categórico?) se sitúa por encima del liberalismo y habrá que dar por cierto que también del comunismo, del capitalismo y de las variantes de ambos (fascismo, nazismo, stalinismo, etc). ¿Cabe en cabeza humana una tontería mayor que esa de la verdad nos hará libres?

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