En el comentario de ayer sobre César Alierta recordaba que esta había sido declarado por el Tribunal Supremo como autor de un delito de abuso de información privilegiada que la había supuesto unos beneficios de 1'8 millones de euros, todo según un información aparecida en el diario El Mundo. Pues bien, en El País del miércoles 5 de noviembre aparece otra noticia relacionada con este individuo. Se trata de una multa 25'8 millones de euros que pone la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia a Telefónica por las imposiciones de permanencia que esta compañía impone a las pymes en sus contratos y por las penalizaciones en caso de abandono. Dicha Comisión considera, según la información de El País, que tal modo de proceder tiene "efectos restrictivos a la competencia". Recordemos que este personaje preside también el Consejo Empresarial para la Competitividad; es decir, sin ponerse colorado, este sujeto, por un lado, preside un organismo para, según dicen, favorecer la competitividad de las empresas y, por otro, pone en prácticas medidas que hacen a las empresas menos competitivas, imponiéndoles unas condiciones que dificultan el cambio a otras compañías suministradoras de servicios de telecomunicaciones que a las pymes les parezcan mejor. Y ¿qué pasa? Absolutamente nada. Alierta no dimite como Presidente del Consejo y sus ilustres miembros tampoco se lo piden. Total: Alierta comete un delito, Alierta preside una compañía a la que multan por prácticas colusivas de la competencia; y la vida sigue igual. Los de abajo, los explotados por Alierta y toda la cohorte de explotadores que conforman el referido Consejo (ir a iefamiliar.com para ver su composición) asistimos impávidos a este bochornoso espectáculo como si la cosa no fuera con nosotros. Ciertamente, tenemos lo que nos merecemos. Y ya no hablo de los que creen que votando en el actual sistema "democrático" esto tiene arreglo. A estos les recomiendo la visita a un psicoanalista, por si acaso su idiocia pudiera tener algún remedio.
Yoani Sánchez publicó en El País del 3 de julio de 2016 un artículo titulado "El rinoceronte blanco", en el que, entre otras cosas, decía: " El mercado de lo inanimado también incluye las ideologías. Exploradores de las utopías quebradas, militantes antiglobalización, que quieren retratarse junto a los despojos de lo que no funcionó. En lugar de adquirir una reliquia de alguna tumba saqueada o bailar una danza alrededor del fuego, estos buscadores de quimeras políticas llevan una camiseta con el rostro del Che Guevara, se compran en algún mercadillo la gorra verde olivo que popularizara Fidel Castro o se sacan una foto sonrientes al lado de la momia de Lenin. Vienen por miles a nuestras tierras a desenterrar aquello que el tiempo y la vida han descartado. Intentan revivir un rinoceronte blanco que alguna vez corrió en las praderas de nuestra cultura y del vasto espacio de nuestra identidad. Lo traen de vuelta armado a pedazos, cosido torpemente cada miembro y adultera...
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