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Joaquín Estefanía: Siempre contra el "15-M" (y II)

Como finalizaba diciendo en la entrada anterior, los comentarios de Estefanía sobre el libro "Estudio del malestar" continuaban aludiendo a "la consideración del malestar como un negocio que se puede rentablizar políticamente". ¿Qué quiere decir esto? Pues se está diciendo, sin disimulo alguno, que un partido político que constata el malestar existente, que señala al causante de ese malestar,  que proponga medidas para la superación de esa situación y que por ello obtenga el favor de parte del electorado, está haciendo "un negocio". La verdad es que diga quien lo diga (sea Joaquín, el autor de libro a ambos), el argumento es profundamente antidemocrático, incluso en el sentido burgués de "democracia", pues con él veda legitimidad a cualquier planteamiento político, pues no hay partido que, partiendo de la situación existente en este momento, no proponga algo con el fin de superarla, esperando, por ello, obtener "rentabilidad política", es decir, votos.
Tras esta sandez, el artículo continúa diciendo que los que obtienen esa rentabilidad "necesitan que no desaparezca el descontento porque entonces se les acabaría la razón de ser". Otra inconmensurable tontería. No hay en estos momentos en nuestro país un solo partido que no reconozca el malestar existente, que no proponga soluciones para acabar con la situación que lo motiva y que pretenda que el descontento no desaparezca. Todo lo contrario, si la situación se supera y el descontento desaparece, el partido que gobierne tendrá, seguramente, más probabilidades de éxito en la siguiente confrontación electoral, pues querrá decir que su diagnóstico fue certero y las medidas adoptadas (las que propuso en la campaña electoral) dieron sus frutos.
También puede pasar, y de hecho en España es lo que pasa, que ese partido reconozca el malestar existente, proponga cómo superar la situación, no lo consiga porque, pese a lo que dice, las medidas que propone nos son las adecuadas y, sin embargo, mediante el engaño, la amenaza o el miedo, consiga obtener más votos que otros, es decir, que "rentabiliza políticamente" el engaño, la amenaza o el miedo. De esto, el PP es un más que evidente paradigma.
Después de analizar las causas del malestar, que podríamos llamar "materiales" (situación económica, etc, comentadas en la entrada anterior), Joaquín pasa a referirse a lo que él llama las causas "intelectuales". Entre ellas se cita "cierta nostalgia por las vías directas", "esa tentación de alcanzar el poder eludiendo los procesos democráticos, lo que significa el resurgir entre nosotros de pensadores como Carl Schmitt o Ernesto Laclau". A parte de que no sé qué pueden tener en común Schmitt y Laclau, cabría preguntarle a Joaquín que nos diga qué partidos son esos que quieren llegar al poder "eludiendo procesos democráticos", pues, de los que forman el arco parlamentario, no conozco uno que preconice tal proceder. Sí los conozco que quieran y practiquen esa "nostalgia por las vías directas", si con ello se refiere a las consultas a la militancia, a los simpatizantes, a la elección de los cargos por las bases de los partidos, porque si se refiere a vías directas como el golpe de estado, pues tampoco los conozco. Por lo tanto, más y más tonterias.
Pero al final, canga la gallina. De lo que se estuvo hablando, pero sin decirlo expresamente, es del movimiento 15-M: "...es falso defender que en España, antes del movimiento de los indignados y del 15-M, no había pasado nada". ¿Quién sostiene tal estupidez? Es evidente que los indignados y el 15-M, no; pues, precisamente surgen de lo que ha pasado en España desde la muerte de Franco hasta nuestros días, que no ha sido poco, y que ha colocado a la inmensa mayoría de la clase trabajadora, a los de abajo en una situación económica lamentable y con una, cada vez mayor, perdida de servicios públicos. Pero Pardo, según Joaquín, no se refiere a esto. Se refiere a que, esos movimientos critican duramente todo el proceso de la Transición. En realidad, tanto los indignados como el 15-M criticaban y critican, con toda razón, la situación económica. En cuanto a lo de la Transición, no deja de ser una pura anécdota. Tal período, por mucho que nos dijeran y nos siguen diciendo, no fue más que una adaptación de los capitalistas al modelo de democracia burguesa; adaptación a la que estaban obligados, pues el desarrollo de las fuerza productivas de la época franquista había llegado a su límite y si se querían seguir desarrollando había que entrar en la entonces CEE, que exigía esa adaptación "democrática". Dicho en otras palabras, si Franco no se hubiera muerto, los capitalistas habrían acabado echándolo; eso sí, alentando a la clase trabajadora y a la pequeña burguesía, porque ellos no se iban a manchar las manos. Pero como el alcanzar el límite del desarrollo de las fuerzas productivas coincidió con el límite de la vida del general, pues eso que se ahorraron. Por tanto, otra tontería. La Transición no tuvo nada de excepcional, ocurrió lo que tenía que ocurrir, pero por vía pacífica. El problema habría surgido si Franco hubiera tenido 10 años menos, quizás, entonces, los capitalistas no habrían podido esperar a que se muriera.
También dice Joaquín: "Y la propia alternancia entre derecha e izquierda, que había hegemonizado el juego político, parecía ahora algo anacrónico y fue sustituida por la fractura entre lo viejo y lo nuevo o entre los de arriba y los de abajo". Joaquín no se da cuenta (o mejor, si se la da, no me cabe la menor duda, pero le pagan por hacer como que no) que eso que él llama "alternancia" nunca se dio; siempre eran los mismos, los representantes de los capitalistas PP, P$o€, PNV y Convergencia), los que ocupaban el gobierno o la oposición. Ahora no; ahora, casi por primera vez, hay oposición.
Joaquín Estefanía, por lo demás, siempre en su sitio.


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